En esta ocasión, el día no comenzaba de la forma habitual. No hubo la urgencia de ir de unos preparativos a otros, ni las prisas por cumplir con los timings para que todo estuviera listo antes de que los invitados giraran la cabeza para ver llegar a los novios.
Fran y Javi decidieron que su día merecía otro ritmo. Se cambiaron con tranquilidad e intimidad en una de las habitaciones de la Finca Montesqueiro y, una vez listos, bajaron a recibir a sus invitados más cercanos. Querían compartir con ellos esos momentos previos, sin agobios y con la dedicación que los suyos merecen.
A medida que se acercaba la hora de la ceremonia y llegaban los autobuses, fueron ellos mismos los encargados de dar la bienvenida a todos. Cada beso, cada abrazo y cada choque de manos era la prueba evidente de que nadie estaba allí por compromiso; todos y cada uno de los invitados eran piezas fundamentales en la vida de ambos.
El resto del día fluyó así: emotivo, pausado y sin artificios. Simplemente ellos dos, rodeados de quienes han sido, son y, con total seguridad, serán siempre parte de su historia.